En un mundo hiperconectado, en el que todo está a un clic de distancia, la ciberseguridad dejó de ser un asunto técnico para convertirse en un componente esencial de la estrategia empresarial. Hoy, tanto los equipos que operan dentro de las organizaciones como los consumidores dependen de prácticas digitales seguras que protejan sus datos, sus decisiones y su interacción diaria con la tecnología.
Esto toma aún más relevancia si se tiene en cuenta que las amenazas digitales están evolucionando más rápido de lo que las organizaciones pueden adaptarse. La geopolítica y las tecnologías disruptivas se han convertido en factores determinantes del riesgo, presionando a las empresas a replantear de manera urgente sus estrategias de protección. De hecho, según datos del Global Digital Trust Insights 2026 de PwC Colombia, el 63 % de los líderes empresariales y tecnológicos en el país ya ubica la inversión en riesgos de ciberseguridad entre sus tres prioridades estratégicas para el próximo año.
La primera línea de defensa
Frente a amenazas cada vez más sofisticadas, las prácticas básicas se convierten en la primera barrera. Acciones tan sencillas como usar contraseñas únicas y seguras, activar la autenticación fuerte (biométricos, tokens, entre otros), mantener los dispositivos actualizados y desconfiar de enlaces o archivos inesperados, representan la primera línea de defensa frente a ataques como phishing o robo de credenciales.
Sin embargo, la verdadera diferencia no está en la tecnología o herramienta que se utilice, sino en adoptar una actitud preventiva. Validar permisos antes de compartir información, revisar la privacidad de plataformas o aplicar el principio de mínimo privilegio no solo reduce riesgos: construye una cultura de seguridad en cada clic.
La inteligencia artificial: ¿amenaza, aliada o ambas?
La IA se ha convertido en uno de los motores principales de la transformación digital. Pero también ha traído nuevos retos. Su uso en las organizaciones exige equilibrar eficiencia con privacidad, y automatización con ética.
Para aprovecharla de forma segura, las empresas deben implementar marcos de gobernanza que integren seguridad, ética y cumplimiento desde el diseño. Esto implica anonimizar la información que se utiliza para entrenar modelos, establecer políticas claras para el uso de datos, auditar los algoritmos con regularidad y limitar estrictamente quién puede acceder a las herramientas de IA y con qué propósito.
‘El equilibrio también se construye desde la cultura organizacional’, resaltó Carlos Rodríguez, director de Ciberseguridad y Privacidad de PwC Colombia. ‘Capacitar a los equipos en uso seguro y responsable, evaluar a los proveedores bajo criterios de seguridad y desplegar soluciones que eviten la exfiltración o filtración de datos permiten mantener un control claro sobre los riesgos. La IA es un habilitador poderoso, siempre y cuando su adopción ocurra dentro de un marco de protección que garantice la transparencia y respalde la confianza del usuario’.
Es por ello que los responsables de seguridad a nivel global están dando a este tema una prioridad cada vez mayor. De hecho, según los resultados del estudio de PwC Colombia, el 48 % de estos líderes a nivel global y 58 % en América Latina ubican como prioridad fortalecer la búsqueda de amenazas habilitada por IA en los próximos 12 meses. No obstante, lograr un equilibrio entre seguridad y uso responsable de la IA no es un reto exclusivo de los equipos de Tecnología de la Información (TI). Requiere equipos sensibilizados, proveedores alineados y una cultura de transparencia que preserve la confianza de clientes y colaboradores.
Según los expertos, a esto se suma la manera en que la irrupción de la IA está demandando nuevas competencias dentro de las organizaciones. Para el director de Ciberseguridad y Privacidad de PwC Colombia, los profesionales deben desarrollar pensamiento crítico, alfabetización digital y comprensión básica de los modelos con los que trabajan. Y es que, si bien la tecnología potencia las acciones, es el criterio humano el que evita errores, sesgos o malas interpretaciones. ‘La IA no reemplaza la capacidad humana: la amplifica, siempre que exista criterio para interpretarla’, afirmó Rodríguez.
La ciberseguridad dejó de percibirse como un elemento externo o complementario para convertirse en el centro mismo de la operación empresarial. Ya no se trata solo de proteger equipos o sistemas, sino de garantizar la continuidad, la reputación y la confianza que sostienen el funcionamiento del negocio. Cada proceso, cada dato y cada persona cumplen un rol determinante en este entorno, donde la ciberseguridad se consolida como un pilar fundamental para proteger el corazón operativo de las organizaciones.






