De los respaldos a la resiliencia inteligente: el nuevo estándar para la continuidad empresarial

Luis Martín Barrera, jefe de Oficina de sistemas en el DANE junto Ximena Valenzuela, Territory Manager NOLA en Veeam Software; y Javier Castrillón, gerente regional de ventas de Veeam para América Latina.

Los datos se han convertido en el activo más crítico de las organizaciones y, con ello, la conversación sobre backup ha cambiado de forma radical. Lo que durante años fue una práctica técnica orientada a crear copias de seguridad, hoy es un componente estratégico directamente ligado a la continuidad del negocio.

Esta transformación cobra especial relevancia en el marco del Día Mundial del Backup, una fecha que ya no solo invita a recordar la importancia de respaldar la información, sino a replantear el verdadero alcance de la resiliencia digital en un contexto marcado por el ransomware, la inteligencia artificial y la creciente complejidad de los entornos tecnológicos.

Durante mucho tiempo, las estrategias de backup respondieron a riesgos relativamente predecibles. Las organizaciones se protegían frente a fallas de hardware, errores humanos o caídas de sistemas, bajo una lógica clara: contar con copias disponibles para restaurar la operación en caso de incidentes. Sin embargo, ese enfoque comenzó a quedarse corto cuando las amenazas evolucionaron y empezaron a dirigirse directamente al dato.

El auge del ransomware y la ciberdistorsión marcó un punto de inflexión. Los atacantes ya no buscan únicamente interrumpir operaciones, sino comprometer la integridad de la información e incluso inutilizar los propios repositorios de respaldo. Según el Ransomware Trends Report 2025 de Veeam, el 89 % de las organizaciones ha visto cómo sus backups se convierten en objetivo directo de ataques, mientras que solo el 51 % logra recuperar la mayoría de sus servidores y menos del 10 % consigue hacerlo dentro de los tiempos esperados.

Javier Castrillón, gerente regional de ventas de Veeam para América Latina.

Esto deja en evidencia una brecha crítica entre tener datos respaldados y ser capaz de recuperarlos de forma efectiva. Como advierte Javier Castrillón, Gerente Regional de ventas de Veeam para América Latina, ‘la verdadera resiliencia de datos no se mide por la cantidad de respaldos, sino por la capacidad de restaurar operaciones dentro de los tiempos que exige el negocio’. Y es precisamente ahí donde muchas organizaciones descubren sus debilidades: no en la protección, sino en la recuperación.

A pesar de que la mayoría de las empresas ha incrementado su inversión en resiliencia, los incidentes reales siguen evidenciando limitaciones estructurales. La falta de entornos seguros para restaurar, la incertidumbre sobre la integridad de los datos y la imposibilidad de priorizar sistemas críticos son factores que prolongan los tiempos de inactividad y aumentan el impacto del incidente. En palabras del mismo Castrillón, ‘muchas organizaciones creen estar preparadas porque tienen backups, pero solo en el momento del incidente descubren limitaciones en tiempos de recuperación o en la integridad de la información’.

El foco se ha desplazado del almacenamiento hacia la recuperación. Hoy, la continuidad del negocio depende de la capacidad de restaurar operaciones de forma rápida, confiable y flexible, incluso cuando los sistemas han sido comprometidos. Ya no se trata únicamente de recuperar datos, sino de hacerlo con garantías de que están íntegros y listos para ser utilizados.

Al mismo tiempo, la democratización de la inteligencia artificial ha acelerado este desafío. La posibilidad de acceder a herramientas avanzadas sin grandes inversiones ha impulsado la innovación, pero también ha elevado los riesgos. La IA depende directamente de la calidad de los datos: si estos son incorrectos, incompletos o han sido comprometidos, las decisiones que se generen a partir de ellos también lo estarán.

Además, la aparición de agentes inteligentes capaces de ejecutar tareas de forma autónoma introduce un nuevo nivel de complejidad. Procesos que antes tomaban semanas ahora ocurren en cuestión de horas, lo que significa que cualquier error o vulnerabilidad puede escalar a gran velocidad. En este contexto, la necesidad de contar con datos confiables deja de ser una buena práctica para convertirse en una condición indispensable.

A esto se suma la fragmentación de la información. Hoy los datos están distribuidos entre nubes públicas, privadas, entornos híbridos y aplicaciones SaaS, lo que dificulta su gestión y reduce la visibilidad sobre su ubicación y uso. Esta dispersión no solo incrementa los riesgos de seguridad, sino que también complica los procesos de recuperación.

Frente a esta realidad, las organizaciones están evolucionando hacia modelos más avanzados, donde la recuperación deja de ser masiva para volverse precisa. La llamada recuperación ‘quirúrgica’ permite restaurar únicamente los datos afectados, reduciendo tiempos de respuesta y minimizando el impacto operativo.

Este enfoque no es exclusivo del sector privado. En Colombia, entidades como el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) están adoptando estrategias alineadas con este nuevo paradigma, donde la confianza en los datos es fundamental para garantizar la continuidad de los servicios públicos.

‘El mensaje para los colombianos es claro: confíen en el DANE’, afirma Luis Martín Barrera, Jefe de Oficina de sistemas en el DANE, quien destaca que esta confianza se construye a partir de una estrategia tecnológica robusta. ‘Queremos que nuestros grupos de interés tengan la tranquilidad de que el DANE está implementando todas las estrategias con tecnología para resguardar la información’, explica.

El cambio de enfoque dentro de la entidad es claro y refleja la evolución global del sector: ‘Antes recuperábamos datos, ahora recuperamos servicios’, agrega Barrera, subrayando la importancia de garantizar la continuidad operativa más allá de la información en sí misma.

Esta transformación comenzó hace cuatro años, cuando la entidad estructuró un plan estratégico de tecnologías de la información basado en arquitectura empresarial, que le permitió revisar de forma integral todos los ámbitos de gestión tecnológica. Como resultado, el DANE ha sido reconocido en escenarios como Andicom y en iniciativas del Ministerio TIC como Máxima Velocidad.

Actualmente, este plan alcanza un nivel de ejecución cercano al 91 % y proyecta llegar al 98 % en 2026, con cerca de 21 proyectos en marcha que no solo abordan infraestructura, sino que buscan generar valor a partir del uso estratégico de la tecnología.

Parte fundamental de esta evolución es su arquitectura tecnológica basada en un modelo multicloud y de nube híbrida, que le permite procesar grandes volúmenes de información con flexibilidad y escalabilidad, al tiempo que fortalece su capacidad para enfrentar incidentes operativos o de ciberseguridad.

La resiliencia de datos deja así de ser un mecanismo defensivo para convertirse en un habilitador de la innovación. Sin confianza en la información, iniciativas como la inteligencia artificial, la analítica avanzada o la automatización simplemente no pueden avanza.

El Día Mundial del Backup, entonces, ya no es solo una fecha conmemorativa. Es una oportunidad para que las organizaciones se hagan una pregunta fundamental: no si tienen respaldos, sino si realmente están preparadas para recuperar su operación cuando más lo necesitan.

Porque en un entorno donde los incidentes son inevitables, la verdadera ventaja competitiva no está en evitar las fallas, sino en la capacidad de superarlas sin detener el negocio.

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