Schneider Electric: nuevas fronteras de energía

María José Bazo, presidenta del Clúster de Centroamérica de Schneider Electric, opina sobre cómo la energía está redefiniendo la competitividad de las empresas en la región.

Por: María José Bazo, presidenta del Clúster de Centroamérica de Schneider Electric.

Hasta hace poco, cuando una empresa de alimentos y bebidas hablaba de energía, el tema solía quedar relegado al departamento de mantenimiento o a un recuadro en el informe de sostenibilidad anual. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente. Hoy, la energía se ha transformado en un factor crítico de competitividad, calidad del producto y seguridad del suministro. Ya no se trata solo de ser ‘limpios’, sino de garantizar que la producción no se detenga, que los costos sean predecibles y que el desperdicio se reduzca al mínimo. Estamos ante una nueva frontera energética definida por tres pilares: el hidrógeno verde, el almacenamiento en baterías y las microrredes.

Para que una planta industrial sea competitiva, necesita confiabilidad. Las microrredes aparecen aquí como una solución revolucionaria: son redes eléctricas autónomas que permiten a una fábrica generar su propia electricidad y funcionar de forma independiente si la red principal falla. Al integrar paneles solares o turbinas eólicas con sistemas de almacenamiento por baterías (BESS), las empresas pueden guardar el excedente de energía limpia para usarlo cuando el día está nublado o el viento no sopla, estabilizando el suministro y evitando paradas críticas en la línea de producción.

¿Cómo se logra esto? El BESS actúa como el estabilizador de la red: las baterías suministran la electricidad almacenada cuando las fuentes renovables son intermitentes (por ejemplo, si no hay sol) o cuando la demanda interna aumenta súbitamente, evitando cortes en la línea de producción. La optimización de los equipos de distribución eléctrica en microrredes, junto con sistemas de almacenamiento, puede generar ahorros de hasta un 30 % y reducir el espacio ocupado en las instalaciones hasta en un 15 %.

Veamos un ejemplo. La industria de alimentos depende críticamente de la continuidad operativa, especialmente para mantener la cadena de frío y los procesos de producción continua. En este caso, las microrredes permiten que una planta se desconecte de la red pública ante fallos o apagones, funcionando de forma autónoma y, de este modo, evitando pérdidas millonarias por productos desperdiciados. El almacenamiento energético a partir de baterías es el corazón de la resiliencia en las plantas de alimentos.

A este escenario se suma que estos procesos industriales requieren mucho calor y generación de vapor, y entonces el hidrógeno verde se posiciona como el gran aliado. A diferencia del hidrógeno tradicional (gris), que proviene de combustibles fósiles, el verde se obtiene rompiendo moléculas de agua mediante un proceso llamado electrólisis, utilizando únicamente energía renovable.

Este gas no solo es un combustible libre de emisiones; es también una forma excepcional de almacenar energía a gran escala. Para la industria, esto significa que los excedentes de energía solar de un mediodía soleado pueden convertirse en hidrógeno para alimentar procesos térmicos pesados o flotas de transporte pesado, mejorando la independencia energética y reduciendo la huella de carbono de forma masiva. Puede utilizarse como combustible limpio para generar el calor o vapor necesario en procesos de cocción, pasteurización o limpieza industrial, sustituyendo combustibles fósiles en sectores difíciles de electrificar de manera directa.

El mercado global del hidrógeno verde se encuentra en una fase de expansión acelerada, impulsado por los esfuerzos mundiales de descarbonización y el apoyo gubernamental. Se estima que el tamaño del mercado global es de 2.790 millones de dólares, y las proyecciones indican que el mercado alcance los 74.810 millones de dólares para el año 2032.

Cambio de paradigma

La descarbonización de la industria no es solo un mandato ambiental, es una optimización operativa. Un cambio de paradigma. Reemplazar los sistemas de combustión tradicionales por tecnologías eléctricas permite a los operadores crear procesos más eficientes y fáciles de controlar de manera digital. En el sector de alimentos y bebidas, esto se traduce directamente en menos desperdicio y mayor calidad: una temperatura controlada con precisión eléctrica y un suministro que nunca flaquea gracias a una microrred aseguran que el producto final siempre cumpla con los estándares más exigentes.

La transición hacia este modelo digitalizado y conectado permite a las empresas pasar de ser simples consumidoras a ser ‘prosumidoras’: producen, consumen y gestionan su propia energía. Esto no solo protege contra la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, sino que también atrae talento y mejora la reputación de marca, en un mercado donde el consumidor final valora cada vez más la trazabilidad y la responsabilidad climática.

Hablar de nuevas fronteras energéticas en la industria ya no es una conversación sobre el futuro lejano; es hablar de quién será más resiliente y eficiente hoy mismo. Las empresas que logren integrar el hidrógeno verde, el almacenamiento inteligente y la autonomía de las microrredes no solo estarán salvando el planeta, sino asegurando su lugar en un mercado global donde la energía es, más que nunca, sinónimo de competitividad.

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