Por: Pedro Blanco-Pinto, Head of Business Development para LAC de Paymentology.
El mundo del crédito en América Latina había estado determinado por los bancos, bajo las reglas del historial crediticio formal, comprobante de ingresos y sucursal cercana para sus clientes. Si bien esas reglas dejaron por fuera a gran parte de la población de la región, hoy ese está replanteando a partir del nacimiento de las billeteras digitales.
El cambio está relacionado con la inclusión financiera. Según la base de datos Global Findex 2025 del Banco Mundial, Global Findex 2025 del Banco Mundial, el 70% de los adultos de la región (sin contar economías de altos ingresos) tenía una cuenta financiera en 2024, frente a apenas el 39% en 2011. Pero este progreso sigue manteniendo una brecha dejando a sectores sociales fuera del sistema financiero, con acceso escaso a crédito y ahorro formal. Esa es la oportunidad la están capturando las billeteras.
La razón por la que los bancos tradicionales no se enfocaron en esa población es que los trabajadores informales, consumidores jóvenes y personas sin historial crediticio, no encajan en los modelos de riesgo construidos para otra economía. Las plataformas digitales sí pueden verlos. Cada pago, cada transferencia, cada recarga que pasa por una billetera deja un rastro de datos transaccionales que permite construir evaluaciones crediticias alternativas, en tiempo real y sin papeles.
Argentina es el caso más claro de este fenómeno, en buena medida porque su historia inflacionaria aceleró comportamientos que en otros países todavía están emergiendo, donde consumidores y empresas están acostumbrados a mover dinero rápido, y una desconfianza hacia instituciones lentas o poco transparentes.
El financiamiento no bancario, gran parte de él embebido en billeteras y aplicaciones fintech, viene creciendo más rápido que el crédito bancario formal. Mercado Pago amplió su oferta de BNPL (compra ahora, paga después) con evaluación de riesgo basada en inteligencia artificial, y Ualá lanzó un producto equivalente dirigido a consumidores jóvenes y digitalmente activos. Se proyecta que el mercado de pagos argentino crezca de USD 113.190 millones en 2025 a USD 569.870 millones en 2031, con un CAGR del 30,92%, según Mordor Intelligence.
Pero el patrón no es exclusivo de Argentina y se repite con distintas intensidades en toda la región. En ocho países de América Latina (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú) el uso de billeteras digitales pasó del 11% al 43% de la población en apenas cinco años. Argentina lidera hoy con un 77% de penetración, seguida por Colombia (73%), Panamá (69%) y Perú (65%), según Credicorp.
Las instituciones que están ganando en crédito son las que usan datos transaccionales para tomar decisiones de financiamiento más rápidas y precisas, y que embeben productos crediticios dentro de la misma experiencia donde el consumidor ya administra su dinero, en lugar de obligarlo a salir de la aplicación para pedir un préstamo. Eso exige infraestructura capaz de emitir tarjetas de crédito con rapidez, motores de decisión que ajusten reglas de riesgo en tiempo real ante entornos económicos volátiles, y visibilidad granular sobre los patrones de gasto a nivel de cuenta.
Además, también exige repensar el producto en sí, ya que una tarjeta que funciona como débito o crédito según el saldo disponible y reglas configurables puede atender a consumidores cuya vida financiera no encaja en categorías fijas, algo que describe a una porción muy significativa de la fuerza laboral latinoamericana, formal e informal. Es un formato que sirve tanto a la población ya bancarizada como a los segmentos históricamente desatendidos, dentro de un mismo programa de emisión.
América Latina no va a resolver de un día para otro una brecha de crédito que arrastra décadas. Pero la dirección ya está marcada, el acceso al financiamiento se está construyendo cada vez más dentro de la billetera, no fuera de ella. Los emisores, bancos y fintechs podrán capturar el próximo tramo de crecimiento del crédito en la región, siempre y cuando logren capturar el próximo tramo de crecimiento del crédito en la región.






