Los contrastes generacionales y de género exigen una banca colombiana más segura

● Los jóvenes impulsan la digitalización, mientras que los adultos mayores prefieren los canales tradicionales, señala un informe de Akamai.

El sistema bancario colombiano está viviendo un momento de contrastes generacionales que refleja la diferente forma en que los grupos demográficos se relacionan con la tecnología, la confianza y la seguridad financiera. Los usuarios de más edad conservan una alta lealtad a los modelos tradicionales, mientras que los más jóvenes lideran la adopción de canales digitales, lo que está acelerando la transformación del sector.

Este panorama, no obstante, aumenta la superficie de exposición al riesgo y exige un sistema financiero robusto y seguro, capaz de anticipar y mitigar las amenazas cada vez más sofisticadas del cibercrimen.

Según la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria), el 82% de las operaciones del sistema financiero se realiza ya a través de canales digitales, frente al 68% de 2019. Este crecimiento sostenido, como ha ocurrido en otros mercados, suele ir acompañado de un incremento proporcional de los intentos de fraude y de los ataques cibernéticos.

Ante este panorama, el sector financiero colombiano se enfrenta a desafíos estructurales que van más allá de la adopción tecnológica de cara a 2026: la revisión y unificación de los protocolos de seguridad, el cierre de la brecha generacional en el uso seguro de los canales digitales y el fortalecimiento de las estrategias de prevención a nivel intersectorial. En la actualidad, se estima que las entidades bancarias del país destinan 1,7 billones de pesos anuales a la prevención del fraude y al fortalecimiento de sus capacidades de ciberseguridad, lo que refleja la magnitud del desafío y la urgencia de una protección integral.

Según una encuesta de Akamai, La Banca Digital de Colombia bajo la lupa: Hábitos, seguridad y expectativas de los usuarios en 2025, el 97% de los colombianos mayores de 65 años prefiere la banca tradicional. Esta preferencia está estrechamente relacionada con la familiaridad con la atención presencial, los procesos conocidos y una mayor percepción del riesgo asociado al uso de tecnologías digitales.

Para este segmento de la población, la seguridad continúa asociándose al contacto humano y a los canales físicos, por lo que las entidades financieras deben acompañar a la población adulta mayor en su transición digital sin erosionar la confianza construida durante décadas.

En el extremo opuesto se encuentra la generación más joven. Tres de cada cuatro jóvenes entre 18 y 24 años (el 75%) ya utilizan servicios de banca digital, lo que los consolida como el principal motor de la transformación fintech en Colombia. Como nativos digitales, priorizan la rapidez, la disponibilidad 24/7 y la integración de sus finanzas en plataformas tecnológicas. Sin embargo, esta adopción no implica una menor sensibilidad frente al riesgo: la seguridad sigue siendo un factor determinante en su relación con los servicios financieros digitales.

En este sentido, Fernando Serto, Field CTO de Akamai Technologies, explica que ‘la confianza en la banca digital es alta entre los usuarios jóvenes, que perciben estos entornos como seguros para gestionar su dinero’. Además, agrega que ‘esta percepción no presenta diferencias significativas frente a otros perfiles sociodemográficos, lo que supone una oportunidad para que las entidades financieras refuercen su comunicación sobre ciberseguridad, autenticación y protección de datos y, de este modo, impulsen una adopción digital más amplia y segura’.

Sin embargo, un uso intensivo de los canales digitales puede derivar en la adopción de decisiones apresuradas o en la omisión de señales de alerta, escenarios que suelen ser aprovechados por los estafadores. En este sentido, el estudio Fraude en Colombia 2025 indica que una proporción significativa de los casos de fraude se da entre personas de 26 a 40 años, un grupo muy conectado que interactúa de manera permanente con múltiples plataformas digitales, lo que aumenta tanto sus oportunidades como su exposición al riesgo.

Otro dato relevante del análisis de Akamai es la brecha de género en los hábitos bancarios. El 86 % de los hombres en Colombia sigue utilizando la banca tradicional, lo que evidencia una mayor inclinación por los métodos convencionales. Por el contrario, el menor uso tradicional entre las mujeres puede interpretarse como una mayor adopción de los canales digitales o como una señal de que una parte de la población femenina aún no está plenamente atendida por el sistema financiero formal. Este escenario subraya la necesidad de impulsar iniciativas de inclusión financiera con perspectiva de género, mediante productos y estrategias que respondan de manera más efectiva a las distintas necesidades de los usuarios.

Serto enfatiza que la elección de un banco en Colombia no solo depende de la edad, sino también de la percepción de seguridad, confianza y valor de cada canal. En este contexto, las instituciones financieras deben proteger sus sistemas y los datos de sus clientes, mejorar la detección de amenazas y su capacidad de respuesta frente a los riesgos cibernéticos y promover la educación digital para fomentar hábitos seguros. ‘El desafío del sector es cerrar las brechas generacionales y de género integrando innovación tecnológica con una comunicación clara sobre ciberseguridad para construir una banca más inclusiva, confiable y resiliente en la era digital’, concluye.

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