Por: Samer Atassi, vicepresidente de Jumio para Latinoamérica.
Para muchos el Mundial de Fútbol es simplemente un evento deportivo, una fiesta que se vive en familia y que conecta a distintas generaciones alrededor de una misma pasión. Sin embargo, detrás de esta anhelada celebración, hay una activación simultánea de múltiples economías digitales que operan en tiempo real, no todas pensadas para todos los públicos.
Alrededor de cada partido no solo circulan emociones, sino también transacciones, registros, validaciones y decisiones que atraviesan plataformas de apuestas, compras de tiquetes, reservas de hospedaje, pagos transfronterizos y accesos a servicios digitales en cuestión de segundos.
Para cada una de estas acciones existe una infraestructura invisible que debe responder ante cualquier incidente. Cada usuario que compra, apuesta o accede a una plataforma deja un rastro que necesita ser validado: quién es, desde dónde opera, si está autorizado para hacerlo y bajo qué condiciones. La identidad digital se convierte en esa conexión entre la experiencia del usuario y la capacidad de las plataformas para operar de manera segura.
En ese amplio ecosistema está el desafío de sostener controles efectivos en momentos de máxima demanda. El incremento simultáneo en volumen, velocidad y presión por reducir fricciones expone con mayor claridad las debilidades de los sistemas que no están diseñados para verificar identidades de forma robusta y continua. En el Mundial, donde millones de interacciones ocurren de manera simultánea, cualquier modelo que dependa de validaciones puntuales empieza a perder eficiencia.
Por ejemplo, las plataformas de apuestas deportivas, en particular, reúnen factores como transacciones en tiempo real, incentivos económicos directos y una base de usuarios masiva que se activa de forma simultánea ante cada partido. Durante años, buena parte de la industria operó con esquemas de validación diseñados para contextos menos demandantes que incluían procesos manuales, verificaciones documentales puntuales o mecanismos básicos de Know Your Customer (KYC) que cumplen una función formal, pero que no sostienen el ritmo de interacción actual.
Mientras la experiencia del usuario se optimiza para ser inmediata, los controles permanecen anclados a métodos menos ágiles y eficientes. La creación de cuentas múltiples para capturar beneficios, la apropiación de perfiles mediante robo de credenciales, la articulación de redes coordinadas de apuestas o incluso el acceso de menores de edad, que en teoría debería estar completamente restringido, lo que evidencia que el problema no radica únicamente en el fraude, sino en la incapacidad de sostener controles de identidad consistentes a lo largo de toda la interacción. Bajo estas condiciones, las plataformas no solo enfrentan fraude transaccional, sino dinámicas más complejas donde los flujos de dinero pueden ser sospechosos sin que necesariamente exista una validación consistente detrás.
El punto crítico no está en reforzar controles existentes, sino en cambiar la forma en que se entiende la identidad dentro del sistema. Las capacidades tecnológicas disponibles hoy permiten trabajar sobre señales más complejas sin alterar la experiencia. La biometría, la detección de vida, la analítica de comportamiento y los modelos de inteligencia artificial amplían el campo de observación, no solo quién accede, sino cómo interactúa, con qué patrones y con qué variaciones lo hace respecto a su historial.
Esa lectura continua introduce un cambio en la forma de gestionar el riesgo. La coherencia entre identidad, comportamiento y transacciones se evalúa de manera permanente, no como verificación inicial ni como reacción ante un incidente. El modelo se aproxima a los estándares que ya operan en entornos financieros, donde la relación con el usuario es monitoreada en toda su extensión y no en puntos aislados.
De cierta manera, el Mundial funciona como un punto de exposición que concentra en un mismo momento las condiciones que ponen a prueba el funcionamiento del sistema en cuanto a capacidad, velocidad e inmediatez. Bajo esas condiciones, la diferencia entre operar y sostener una operación confiable se vuelve cada vez más evidente. El fraude en el gaming online se adapta constantemente y la competencia entre plataformas no se establece en la cantidad de usuarios que logran atraer, sino en la consistencia con la que pueden validar la identidad de quienes participan, asegurando que quienes acceden sean realmente quienes dicen ser, y bajo las condiciones que el propio sistema establece.






